domingo, 10 de marzo de 2019

"Acompáñame, Señor, en la tribulación"...


Oración escrita por el Beato Tito Brandsma el 12-13 de febrero de 1942 
delante de una estampa de Jesús, en la cárcel de Scheveningen.

Cuando te miro, buen Jesús, advierto
en ti el amor del más querido amigo,
y siento que, al amarte yo, consigo
el mayor galardón, el bien más cierto.

Este amor tuyo -bien lo sé- produce
sufrimiento y exige gran coraje;
mas a tu gloria, en este duro viaje,
sólo el camino del dolor conduce.

Feliz en el dolor mi alma se siente:
la Cruz es mi alegría, no mi pena;
es gracia tuya que mi vida llena
y me une a ti, Señor, estrechamente.

Si quieres añadir nuevos dolores
a este viejo dolor que me tortura,
fina muestra serán de tu ternura,
porque a ti me asemejen redentores.

Déjame, mi Señor, en este frío
y en esta soledad, que no me aterra:
a nadie necesito ya en la tierra
en tanto que Tú estés al lado mío.

¡Quédate, mi Jesús! Que, en mi desgracia,
jamás el corazón llore tu ausencia:
¡que todo lo hace fácil tu presencia
y todo lo embelleces con tu gracia!


El escenario de la liturgia de hoy es sobrio, y el susurro de la tentación sutil y provocador... Vemos a Jesús mismo enfrentado al demonio, abriéndonos paso en el desierto, enseñándonos a vencer las seducciones y los halagos del maligno con el arma poderosa de la Palabra de Dios...

Estamos iniciando un camino de purificación y de toma de conciencia de lo que ha supuesto para Jesús salvarnos de la muerte y del pecado, y bien merece que no pasemos por alto tanta gracia, derrumbando con nuestra soberbia el prodigio de esta Obra que ha cambiado el mundo y que todavía nos busca para cambiarnos también a nosotros... 

Si somos sinceros, sabemos cuánto nos cuesta ser libres para el bien, la bondad, el amor y el perdón, y cuánto necesitamos de Dios para mirarnos en su Voluntad y descansar nuestros vacíos en su plenitud... Nos ayudará rezar el salmo 90 propuesto hoy en la liturgia y ojalá lo recemos hasta guardarlo en el corazón como semilla de esperanza...

"Tú que habitas al amparo del Altísimo, 
que vives a la sombra del Omnipotente, 
di al Señor: "Refugio mío, alcázar mío, 
Dios mío, confío en ti." 

No se te acercará la desgracia, 
ni la plaga llegará hasta tu tienda, 
porque a sus ángeles ha dado órdenes 
para que te guarden en tus caminos. 

Te llevarán en sus palmas, 
para que tu pie no tropiece en la piedra; 
caminarás sobre áspides y víboras, 
pisotearás leones y dragones. 

"Se puso junto a mí: lo libraré; 
lo protegeré porque conoce mi nombre, 
me invocará y lo escucharé. 
Con él estaré en la tribulación, 
lo defenderé, lo glorificaré" (Salmo 90)...


Con nuestro recuerdo diario por los enfermos del blog... todos, uno a uno... también sus familias... miremos al cielo deseosos de ser coherentes con la fe que profesamos y con lo que pedimos al rezar... que la intercesión del Beato Tito nos impulse lo que podemos restar nosotros con nuestra mediocridad, y veamos la gloria de Dios reflejada en cada uno de los que pedimos la salud para ellos, en la esperanza de que el cielo nos lo conceda...
"confiando en el Señor, no me he desviado"...

Beato Tito, ruega por nosotros...

Señor Dios nuestro amante de la vida y de la libertad, que guiaste a tu siervo Tito a través de la noche oscura del sufrimiento, concediéndole una constancia invicta en las persecuciones. Te doy gracias por haber glorificado en la iglesia a tu humilde siervo el Beato Tito Brandsma; haz que su ejemplo suscite en muchas almas, renovadas interiormente por la fuerza de tu Espíritu, el compromiso de trabajar por la defensa de la Verdad, rehusando a todo compromiso con el error, y así lograr la verdadera libertad de los hijos de Dios. Concédenos la gracia de su canonización y el favor que te pedimos por su intercesión. Amen.

Padrenuestro - Ave María - Gloria...

4 comentarios:

  1. “ESTÁS CONMIGO, SEÑOR, EN LA TRIBULACIÓN”

    No hay mayor consuelo cuando estamos desesperados, con gran aflicción y sufrimiento, que la compañía del Señor. Lo dice alguien que, no solo sufre por lo que la vida le ha traído sin buscarlo, sino por sus propios actos. Lo invoco con constancia y mucha humildad, postrado a sus pies y esperanzado en su misericordia por el amor que nos tiene.

    En este primer domingo de Cuaresma, seguimos recogidos en la Palabra, donde encontramos la única verdad, la que nos conduce a la salvación y la vida eterna. Tenemos que hacer el propósito de enmienda de todos nuestros pecados y, siguiendo el ejemplo de Jesús en el desierto, huir de las tentaciones, estar alerta ante todo aquello que nos pueda llevar a ofender al Señor y a las personas. Siempre somos conscientes de nuestros pecados, pero le volvemos la espalda al Señor, le cargamos con una cruz cada vez más pesada, le golpeamos con el látigo con más fuerza, empotramos contra su cabeza la corona de espinas, martilleamos con ímpetu los clavos que lo sostienen a la cruz.. No se merece eso de nosotros, sus hijos, por los que murió para salvarnos de la muerte.

    Él es nuestro refugio y en el confiamos plenamente. En las lecturas de hoy, de la carta de San Pablo a los Romanos (10,8 -13):

    “Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás… Nadie que cree en Él quedará defraudado… Todo el que invoca el nombre del Señor se salvará”…

    Todo está escrito, sólo tenemos que seguir el camino señalado para salvarnos. No perdamos el norte, no nos desviemos un ápice de nuestro destino; no intentemos engañarlo, porque su sabiduría es infinita, como su misericordia; invoquemos al Señor para que nos perdone y nos proteja en las tribulaciones.

    Perdonamos Señor, confiamos en tí, sabemos de tu piedad infinita y de tu amor por tus hijos, por lo que nos atrevemos a pedirte, con mucha humildad pero con perseverancia, la salud para los enfermos que día a día te hemos ido presentando. Te lo pedimos por la intercesión del Beato Tito Brandsma y por el amor a la Virgen María. Amén.

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  2. Por los enfermos, por los operados, por los que están rehabilitándose, por sus familiares, por los cuidadores y por nosotros que con nuestras oraciones pedimos por ellos. Virgen del Carmen, ruega por todos.

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